Recuerdo haber tenido esta conversación con alguien:
-Diosito, no, ¿cómo me vas a mandar a ese
pinche planeta? ¡No chingues!
-¡Cómo que no chingue! ¿Ese es el respeto que
ha aprendido a tenerle a un superior?
-Es que allá se hace todo al revés de como Tú
lo mandas, ¡ya ni la amuelas!
-¿Qué es eso de ya ni la amuelas? Ahora, por
faltarme al respeto, va usted a nacer en México, ¡y mujer!
-¿No te digo? ¡Cómo serás cabrón!
-Por insultarme, éstos van a ser sus padres.
-¡Pero si son unos monstruos! ¡Esas son ojeterías!
-Y si se muere antes de los 80 o se suicida, ¡la
mando de regreso a la India o Bangladesh!
Mi mami, dulcemente, con un cinturón en ristre,
me decía: “Compórtate o te va peor”. Yo entraba en un continuo dejavu que me
orillaba a preguntar dónde había oído eso antes… probablemente, Dios es mamá…